Cuida tu rostro y tu cuerpo
Cuidar la piel a tiempo retrasará la aparición e intensidad de los efectos secundarios relacionados con el tratamiento. Comienza con la sequedad de la piel. ¡Con suavidad! Esto es lo que necesita tu piel. Para la limpieza diaria, olvídate de los jabones que suelen ser irritantes. Tanto para el cuerpo como para el rostro, opta por geles, aceites limpiadores o barras dermatológicas (sin jabón). Tienen múltiples beneficios: respetarán el pH de tu piel y sus propiedades supergrasas limitarán la sequedad cutánea. Para el rostro, termina rociando una fina bruma de agua termal para calmar la piel, y luego sécala suavemente.